En nuestra sección de entrevistas, hoy tenemos el placer de contar con Beatriz Becerra (Madrid, 1966), eurodiputada independiente y vicepresidenta de la Subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo. En los últimos años, la figura de Becerra ha sido fundamental en la cámara con respecto a la igualdad de género, los derechos humanos, la lucha contra el terrorismo o la salud mental. A pocos días de terminar la legislatura y bajo la noticia de que no se presentará en las siguientes elecciones al Parlamento Europeo, hablamos con ella sobre estos años y los retos y desafíos en clave glocal que como sociedad tenemos que afrontar. 

Beatriz, una de tus prioridades durante estos años se ha centrado en la lucha contra el terrorismo yihadista. ¿Qué es lo que puede llevar a una mujer a este tipo de radicalización? ¿Cómo podemos prevenirlo? 

El falso paraíso que promete DAESH necesita mujeres tanto como hombres. Por otra parte, el papel de la mujer es clave a la hora de prevenir la radicalización. Muchas veces, la madre, la hermana o la novia son las últimas personas capaces de detectar y evitar que un joven se convierta en terrorista.

Los expertos creen que lo que conduce a las mujeres a la radicalización no se diferencia mucho de lo que lleva a los hombres. Es verdad que nos choca que una mujer se sume a un proyecto que, además de destructivo, le reserva un lugar totalmente subalterno y carente de derechos. Pero hay mujeres jóvenes que ven en ello una forma de escapar y ser aceptadas. Lo que sí es diferente es el papel de la mujer. Algunas terminan siendo terroristas, pero la mayoría se convierten en esposas y futuras madres de yihadistas (y en futuras viudas, en muchos casos). El falso paraíso que promete DAESH necesita mujeres tanto como hombres. Por otra parte, el papel de la mujer es clave a la hora de prevenir la radicalización. Muchas veces, la madre, la hermana o la novia son las últimas personas capaces de detectar y evitar que un joven se convierta en terrorista.

Lo peor de un genocidio es que no se conozca o que se diluya su importancia. Por eso el Sájarov es una herramienta de activismo y no un simple reconocimiento y por eso yo le doy tanta importancia.

Presentaste la candidatura de la activista yazidí Nadia Murad al premio Sajarov a la libertad de conciencia. Ella, que también fue galardonada en el año 2018 con el Premio Nobel de la Paz junto a Denis Mukwege (“por sus esfuerzos para erradicar la violencia sexual como arma de guerra y en conflictos armados”), ha ofrecido un brutal testimonio sobre la esclavitud a la que le sometió el Estado Islámico. ¿Qué pueden hacer las instituciones europeas y la comunidad internacional ante casos como el suyo y el de otras tantas mujeres que siguen retenidas contra su voluntad? 

Lo primero es darles el protagonismo que merecen y necesitan. Lo peor de un genocidio es que no se conozca o que se diluya su importancia. Por eso el Sájarov es una herramienta de activismo y no un simple reconocimiento y por eso yo le doy tanta importancia. A continuación hay que implicarse en la reparación de las víctimas, en la reconstrucción y, muy importante, en que se haga justicia. Nadia Murad lucha por las tres cosas, incluyendo que la Corte Penal Internacional juzgue a los responsables de las atrocidades. La UE y la comunidad internacional tienen que apoyar este propósito con todas sus energías.

Las cuotas son una especie de ortodoncia política, necesaria para corregir situaciones que no son normales y que por sí mismas no se corregirán nunca.

¿Crees viable las cuotas de género en el Parlamento Europeo? 

Las cuotas son una realidad que funciona en muchos entornos, sobre todo políticos, gracias a las leyes electorales que obligan a un equilibrio de género en las listas. El resultado (cada vez mayor presencia de mujeres en las instituciones públicas y órganos de gobierno) nos parece bien. ¿Por qué no en los gobiernos corporativos? Las cuotas son una especie de ortodoncia política, necesaria para corregir situaciones que no son normales y que por sí mismas no se corregirán nunca. La experiencia demuestra que son útiles no sólo para las mujeres que acceden a puestos de relevancia, sino para las propias instituciones que las incorporan. Espero que la directiva europea sobre Mujeres en Consejos de Administración se libere del veto con el que algunos países de la Unión, por distintos motivos, la han bloqueado está legislatura.

Beatriz Becerra, Eurodiputada en MUJOMUR

En el panorama político actual, ¿corren riesgo los valores de la democracia liberal? ¿Y los valores europeos? 

Los valores de la democracia liberal sufren un ataque que no tiene precedentes, porque se produce desde dentro. La caída del comunismo supuso el fin de un modelo alternativo que había fracasado, pero lo de ahora, el desafío nacionalpopulista que cuestiona valores esenciales tanto de los sistemas democráticos como de la propia UE, aprovecha los propios mecanismos institucionales e incluso la retórica democrática. Yo soy optimista, creo que la democracia liberal sobrevivirá porque responde mejor a los problemas reales, pero sobrevivirá sólo si damos la batalla, por supuesto.

El feminismo, originalmente, perseguía la libertad de las mujeres y la igualdad de oportunidades, no de resultados. Se trata de regresar a esta forma de ver el feminismo.

Parece un tema muy controvertido dentro del movimiento feminista, pero no podemos evitar la pregunta. ¿En qué consiste el llamado feminismo liberal? 

Es una lástima esta batalla por las etiquetas, que responde demasiado a los intereses electorales. El problema es que desde el feminismo más organizado, el que se quiere hegemónico, se ha construido un discurso frentista y excesivamente ideológico, que ha provocado una reacción en parte justa y en parte excesiva. Para mí, el feminismo sólo puede ser liberal, en el sentido de que lo importante es la mujer individualmente considerada y sus derechos y oportunidades, y no un supuesto grupo homogéneo que convierte la condición femenina en piedra angular de una identidad. El feminismo, originalmente, perseguía la libertad de las mujeres y la igualdad de oportunidades, no de resultados. Se trata de regresar a esta forma de ver el feminismo. Y de poner más énfasis en los hechos y en los datos que en las identidades. Paradójicamente, creo que si habláramos más de medidas concretas y apartáramos las etiquetas y las ideologías, encontraríamos mucho terreno en el que coincidir.

 

Fuente Fotografías: Flickr 
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